Durante su etapa de estudiante de música en Boston
y San Francisco tocó con Airto Moreira y Stan Getz y grabó una maqueta con
el guitarrista Larry Coryell. Tomás San Miguel (Vitoria, 1953), que ha colaborado
con el grupo alemán Dissidenten y es autor de sintonías de radio y televisión,
presenta este domingo, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, su disco
Ten, con la txalaparta vasca y las cuarenta voces del coro Samaniego. En
1994, Tomás San Miguel publicó Lezao: "Surgió de forma espontánea. En una
reunión de amigos en un caserío de Euskadi, en Lezao, nos pusimos a tocar
la txalaparta, el acordeón... Sentí que se podían hacer canciones utilizando
la txalaparta como motor rítmico". Cuatro años después ha llegado Ten. "Un
disco más introspectivo", afirma Tomás San Miguel, "que busca una continuidad
entre las canciones como si se tratara de un mantra".En ambas grabaciones
brilla la txalaparta, una tabla de madera que percuten dos personas con
cuatro palos. "Según una leyenda, cuando los soldados romanos entraban por
los valles de Euskadi, oían unos sonidos que espantaban a los caballos.
Era un arma de guerra", cuenta. "La txalaparta, tal como yo la entiendo
en mi música, es el latido de la tierra. Siempre la he concebido como un
instrumento que te conecta con las raíces, la memoria colectiva y lo ancestral".
Compositores
En cuanto a las etiquetas musicales en las que se le suele encajar, le gustaría
"que se hablara de compositores. Sería un gran avance mental. Todos ansiamos
tener nuestra manera de expresarnos y estamos buscando nuestro lenguaje cada
día. Los músicos que somos sinceros lo hacemos. Otros buscan apoyarse en una
fórmula para triunfar", afirma.Ten se presentó por primera vez, con el coro
completo, durante la inauguración del museo Guggenheim de Bilbao. Sin embargo,
las posibilidades de repetir en otras ciudades escasean. "Hay público", dice,
"porque los discos se venden y los conciertos se llenan". De Lezao se
vendieron más de veinte mil ejemplares. "Pero también está clarísimo que los
promotores no apuestan por esta música". Admite que montar los conciertos,
"requiere un esfuerzo descomunal. Siempre digo que este proyecto es un milagro".
El año pasado creó la banda sonora de la película norteamericana Big City
Blues, con Burt Reynolds en el reparto. "En Estados Unidos a alguien que hace
algo novedoso, interesante y con entusiasmo, se le apoya aunque no tenga un
nombre", dice. "Porque se sabe que eso es un capital para el futuro".
"Yo no puedo vivir de esto", confiesa Tomás San Miguel, que acepta con frecuencia
encargos para campañas publicitarias. Entre sus obras, están las sintonías
de Radio Nacional de España y Teledeporte, la cabecera de los Juegos Olímpicos
para el canal del COI -"un minuto de música con un despliegue visual impresionante,
que vieron tres mil millones de personas"-, y series como Para Elisa o El
día que me quieras. En su biografía consta que estudió Bellas Artes, Filosofía
y Letras... y que no las acabó. "Creo que en mi vida no he terminado nada.
Me gusta porque de esa manera las puertas quedan abiertas y siempre puedes
volver a mirar", afirma.