El swing es una cualidad específica e indefinible del jazz que el pianista John Lewis describía como "alta musicalidad", es decir, la forma que la buena interpretación toma en esta música en concreto. Para comprender sin más rodeos en qué consiste, basta con presenciar una actuación de Carmen McRae e inmediatamente se percibe algo distinto que trasciende las meras notas: eso es el swing.No he visto a nadie que sepa poner el énfasis preciso que cada palabra requiere mejor que Carmen. Es una suerte entender un poquito de inglés porque, amén de los valores puramente musicales, se descubre la dimensión teatral que tiene la voz de esta mujer. Apena necesita del gesto para apoyar unos textos que cobran un nuevo significado al ser cantados-conta dos por ella; es la reina de la cantata de jazz, y con semejante diva merece la pena inventar el género.
Hay dos elementos en su forma de hacer particularmente atractivos y sorprendentes:
su sentido tan especial del tiempo y su audacia en la improvisación. Carmen
McRae parece estar flotando en todo momento por encima del ritmo acompañante:
para ella no existe la barra de compás, y, sin embargo, siempre está donde
le corresponde. Esta concepción del tiempo, junto con el atrevimiento con
que explora el inmenso registro de su voz, afrontando los intervalos más insospechados
en el momento que nadie espera, entraña un riesgo que hace mantener la atención
de forma constante. Algo de esto se puede apreciar en sus discos, pero, de
verdad, en directo es otra cosa. En esta ocasión estuvo acompañada por
un magnífico trío de ritmo que sin grandes alardes consiguió crear el entorno
ideal para que Carmen McRae cantara a sus anchas. La banda de Mel Lewis
llamó la atención por su gran sonoridad y por la calidad de los arreglos,
mucho más abiertos que los del día anterior (Buddy Rich) y con más libertad
para la improvisación, por otro lado no siempre justificada por la calidad
de los solistas. Para cerrar su intervención, Mel Lewis hizo un largo solo
sobre los tomtoms basado en el tipo de golpe llamado rym-shot.
El trío de Tomás San Miguel, con Jorge Pardo y Rubem
Dantas como invitados, fue un digno prólogo para las dos actuaciones reseñadas.
Su música se inscribe en la corriente del jazz flamenco según las líneas
maestras trazadas por Paco de Lucía y Chick Corea.