La primera noche de música árabe de los Veranos de la Villa ofreció dos
caras estimulantemente distintas. La mayoría del público, atraída por el
renombre de un grupo ya conocido en España, como Dissidenten,
fue afluyendo para bailotear en la segunda parte. Quienes estuvieron desde
el principio, además de disfrutar como todos con el inteligente y gracioso
cacao estilístico de Dissidenten, se encontraron con un cuarteto marroquí,
Nass el Ghiwan, bien enraizado en lo auténtico.Dissidenten, surgido hace
años entre berlineses, es un conjunto pionero a la hora de fusionar sonidos
árabes y tecnología occidental. Su puesta en escena, con muchos humos de
nieve carbónica, oportunos cimbreos de la cantante magrebí y movimientos
espásticos de un flautista pelado cual Cocoliso, es perfectamente consecuente
con la amalgama musical que practican.
Tanto las guitarras y batería como el laúd, manejado por un marroquí de buena
voz, o el acordeón, a cargo de Tomás
San Miguel, un músico de Vitoria
que lleva txapela en escena y se integra perfectamente en la vena cosmopolita
del grupo, se ven en todo momento reforzados por la omnipresencia de los teclados.
Embriagador El resultado es atractivo, incluso embriagador en ocasiones.
Dissidenten son un producto igualmente efectivo para discotecas occidentales
que para actuar ante las juventudes de los países árabes. Nass el Ghiwan,
por su parte, estuvieron parcos, con sólo media hora de actuación: lo cual
ya es pena, porque pertenecen a esa especie de artistas que, metidos en faena,
son memorables. Cuatro músicos excepcionalmente limpios, capaces de mostrar
un generoso sentido de la renovación en lo tradicional. Sus canciones, imbuidas
de pureza, e incluso no exentas de toque religioso, poseen un ritmo inesquivable:
la conjunción de las percusiones del tam-tam y el pandero (tebilet y bendir),
propias de la música árabe y bereber, con la cuerda de instrumentos del África
negra como el barijo y el sentir, produce efectos fulminantes. Una noche,
por tanto, desequilibrada en cuanto al tiempo de actuación de ambos conjuntos,
pero sagazmente equilibrada en la presentación de dos caras de ese planeta
absurdamente desconocido, la música árabe de hoy.