Cuenta la leyenda que los soldados romanos que
entraban por los valles de Euskadi oían poderosos sonidos
de madera que espantaban a sus caballos. Con el latido de la txalaparta
-compartida porque se toca a dos- y un coro gregoriano de 40 voces,
comienza esta selección de grabaciones extraídas de
Lezao (1993). De dos en dos -con Jorge Pardo-
(1995) y Ten (1998). ´Síntomas´
podía der la clave: el telúrico galope de las "makilas"
sobre los tablones de madera, verbo rítmico de ese instrumento
ancestral que conecta con la memoria colectiva. Huellas de un pasado
que Tomás San Miguel visualiza.
Tomás San Miguel (Vitoria-Gasteiz, 1953)
es un artesano. Con paciencia de arqueólogo ha buscado su
propio lenguaje hasta lograr algo único. Probablemente lo
andaba procurando, quizás sin siquiera saberlo, desde que
marchó a estudiar a Estados Unidos, donde llegaría
a tocar con Stan Getz, Airto Moreira o Larry Coryell. Y lo encontró.
Pero mucho más cerca de la casa que había nacido:
en un caserío a los pies de la montaña de Iturrieta.
En ´Pléyades´ suena
con fuerza la pandereta -estamos en el centro del terruño
bajo la mirada distraída de las estrellas- que regresa de
nuevo para ´Maurizia´, donde también
resuenan la alboka y el txistu : instrumentos tradicionales vascos.
En éste disco se vislumbra el placer de crear en libertad.
Es el juego introspectivo de la música a partir de notas
y silencios. De éste proceso de interiorización como
compositor surgen ´Dos ángeles del cielo´,
que Tomás San Miguel imagina melancólicos desde la
soledad de sus teclados y un hermoso acordeón.
Por el camino pasan algunas estaciones compartidas
con el amigo peregrino Jorge Pardo. Al sur, la luz mediterranea
de la blanca Mojacar celebra sus diálogos. Son los ´Delirios
del Rumbo´y la ´Marejadilla´ donde
las teclas evocan a Corea, Debussy o Mompou, y los vientos vuelan
libres. O la ´calma del alma´ en la que se
aflamencan piano y flauta.
Vuelta al norte. La txalaparta cierra el viaje
iniciático. La madera del árbol, símbolo mágico,
dejando oir su voz universal.
Texto:Carlos Galilea

NUEVOS MEDIOS